Reflexionan sobre el papel de las universidades en la dignificación de las diversidades

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En el marco del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, la Dirección de Políticas de Igualdad y No Discriminación de la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM (CIGU), encabezada por el maestre Rubén Hernández Duarte, impartió la conferencia La Universidad como espacio de disidencia sexogenérica, con el propósito de reflexionar sobre el papel de las instituciones de educación superior en la garantía de los derechos humanos y la dignificación de todas las personas.

Durante la charla se ofreció a la comunidad universitaria un panorama sobre la diversidad sexual y sus principales dimensiones: identidad de género, expresión de género, orientación sexual y cuerpo sexuado, además de enfatizar la importancia de construir espacios educativos incluyentes.

Rubén Hernández señaló que, de acuerdo con datos de la Universidad, al menos cinco mil 529 integrantes de la comunidad universitaria se reconocen como parte de la población LGBTIQ+.

Subrayó que la diversidad es una característica inherente de la realidad biopsicosocial y no una excepción, por lo que las universidades tienen la responsabilidad de promover una educación integral en materia de sexualidad, derechos sexuales y reproductivos, así como de género. “La educación sexual ayudará a nombrar nuestras experiencias; esto permitirá tomar decisiones autónomas y construir redes de reconocimiento y apoyo”, afirmó.

Asimismo, explicó que la disidencia sexogenérica representa un acto político de visibilización y defensa de la diversidad. “No todas las personas diversas realizan activismo desde su condición, porque enfrentan violencias, restricciones e incluso riesgos. La disidencia se refiere a quienes llevan esa diversidad a los espacios públicos y de discusión”, expresó.

Hernández Duarte reiteró la necesidad de fortalecer la educación sexual como un derecho humano, al igual que la educación en derechos humanos, biología e historia, y llamó a evitar discursos polarizantes, al señalar que no es útil construir la idea de que los hombres cisgénero son “el enemigo”.

Finalmente, invitó a construir comunidades basadas en el reconocimiento de la diversidad como un valor compartido. “Si asumimos que todas las personas somos una red de diferencias y hacemos de ello un principio ético, podremos aspirar a un mundo más digno para las poblaciones LGBTIQ+”, concluyó.